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lunes, 30 de octubre de 2017

El zapatismo, verdadero foco de resistencia al salinismo


Presentación

La postulación de María de Jesús Patricio Martínez (Marichuy), como posible candidata independiente por parte del Concejo Indígena de Gobierno a la presidencia de la república, despertó en ALGUNOS sectores de la izquierda partidista reacciones llenas de ignorancia, desprecio y franco racismo. En sus más burdas formas, estas reacciones afirman que esta iniciativa política es un mero invento del EZLN que, a su vez, habría sido parido por el insondable y prolífico útero de Carlos Salinas de Gortari para evitar que Andrés Manuel López Obrador y MORENA ganaran las elecciones del 2018.

En este artículo, que Javier Hernández Alpízar generosamente compartió con Homo vespa para su difusión, se explica de qué forma el movimiento indígena fue traicionado, hace décadas, por esa izquierda partidista y como esa izquierda se ha beneficiado directamente de las luchas políticas protagonizadas por las comunidades indígenas.

Es innegable que entre los seguidores de base de las propuestas del Concejo Indígena de Gobierno y de MORENA abundan personas valiosas y conscientes de la explotación, precariedad y depredación bajo la que vive el pueblo mexicano. En ambos grupos también es evidente la urgencia, casi desesperada, para encontrar una salida a el régimen de muerte que nos azota.

Sin embargo, como nos muestra Hernández Alpízar, también es innegable que AMLO y la élite política que se ha agrupado alrededor de él optaron, desde hace muchos años, por una política pragmática basada en alianzas con varios de los sectores más reaccionarios y explotadores de la sociedad mexicana. En efecto, si los seguidores de base de una y otra iniciativas no son lejanos en sus motivaciones, las formas, estrategias, fines y postulados de quienes toman las decisiones en MORENA son diametralmente opuestas a las defendidas por el Concejo Indígena de Gobierno y su vocera.

Luis Ramírez Trejo

El zapatismo, verdadero foco de resistencia al salinismo


Por Javier Hernández Alpízar



La historia del EZLN es larga, pero podemos retomar algunos momentos importantes que ayudan a deshacer el entuerto de la propaganda negra contra los zapatistas, propalada por el voto duro de AMLO y otros malquerientes del zapatismo: la calumnia de que son marionetas manipuladas por Salinas. (Además del racismo implícito en la idea de que son meras marionetas los miles de indígenas que se han manifestado en las semanas recientes en apoyo a la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, Marichuy).

Lo primero es el alzamiento del 1 de enero de 1994. Fue el hecho que impidió que Salinas de Gortari terminara triunfante su sexenio, con la entrada en vigor del TLCAN (NAFTA) y la propaganda que pretendía presentarlo como un Gorbachov mexicano. Con su declaración de guerra, los zapatistas derrumbaron la imagen mediática de Salinas y permitieron que recobrara el aliento el antisalinismo e incluso se recuperó la izquierda, que había iniciado enfrentando al fraude que la marginó de la presidencia en 1998, pero se había venido desinflando ante el empuje del equipo neoliberal en Los Pinos y la complicidad panista.

Salinas de Gortari y su equipo (Colosio, asesinado por el mismo sistema, Camacho Solís, luego asesor de AMLO, Aspe Armella, alguna vez asesor de una delfín de AMLO: Marcelo Ebrard (salinista del equipo de Camacho), Ruiz Massieu, también asesinado por el mismo sistema al que sirvió), al finalizar el sexenio salinista, tenían la expectativa de gobernar por sexenios pero el alzamiento zapatista desmoronó sus esperanzas. Zedillo fue improvisado como candidato priista y se benefició del sentimiento de culpa y el miedo a la guerra que generó el asesinato de Colosio, pero no pudo mantener la hegemonía priista y ante la insistencia perredista de mantener a un candidato por siempre (Cuauhtémoc Cárdenas) los beneficiarios de la “alternancia” fueron los panistas, con Fox.

La imagen de Fox era al inicio la de un “héroe nacional” que había logrado sacar de Los Pinos al PRI, el principio de su derrumbe fue muy pronto con la Marcha del Color de la Tierra con la que los zapatistas y el CNI exigieron que se cumplieran los Acuerdos de San Andrés. Los indígenas fueron traicionados por la alianza Cevallos (PAN)- Ortega (PRD)- Bartlett (PRI), y eso llevaría a los zapatistas a tomar la ruta de la autonomía en sus comunidades y el anticapitalismo a nivel global y nacional.

La cesión del poder ejecutivo priista al PAN (y en la capital mexicana al PRD) fue resultado no sólo del descrédito del PRI (cuya cristalización fue en gran medida resultado del alzamiento zapatista) sino de una reforma electoral con la que el Estado mexicano incluyó a los partidos de oposición como parte de un sistema de partidos (hoy una partidocracia) emergente ante el desafío zapatista: se beneficiaron PAN  y PRD, el primero con la presidencia de la república(Fox y Calderón) y el segundo con el gobierno del DF (hoy Cd Mx: Cárdenas, Robles, Obrador, Encinas, Ebrard y Mancera). Las negociaciones llevadas a cabo en la calle Barcelona , en la Ciudad de México, fueron realizadas, en el caso del PRD, primero por Porfirio Muñoz Ledo y al final por López Obrador. Los partidos recogieron el fruto de la sangre zapatista, la apertura del sistema a que ellos pudieran ganar elecciones, pero luego traicionaron al zapatismo al rechazar los Acuerdos de San Andrés, primeros acuerdos en una ruta de paz con el EZLN, y para cuya negociación incluyó éste a muchos otros indígenas de México, proceso que daría origen al actual Congreso Nacional Indígena, CNI.

Los zapatistas rompieron desde entonces con la clase política y se dedicaron a construir la autonomía en sus territorios, comunidades y pueblos, haciendo válidos en los hechos los Acuerdos de San Andrés. Estos procesos de autonomía y autogobierno han sido impulsados por comunidades y pueblos indígenas en diversos territorios mexicanos: son formas de resistencia pero también de propuesta para un México postcapitalista. La autonomía de las comunidades zapatistas es muy diferente a las de otras comunidades indígenas, pero tienen lazos de hermandad, expresados en una lucha conjunta como CNI. Los indígenas mexicanos no proponen separarse de México, su forma de autonomía es diferente a la catalana o la mapuche (no decimos mejor ni peor: diferente). Además, han ido avanzando en una propuesta de poder popular autoorganizado desde abajo que no pretende quedarse como comunidad utópica local o regional sino que desafía al sistema capitalista y al Estado mexicano con una manera alternativa de producir su vida y su mundo. Este desafío lo ha mantenido siempre el EZLN, pero de todos los actores que se han mantenido cercanos, son los indígenas quienes mejor han avanzado en un proceso autoorganizativo de resistencia y de lucha. Por ello son el núcleo alrededor del cual se teje la propuesta de lucha actual.

Es irónico que calumnien a los zapatistas quienes se han beneficiado de su lucha y de sus muertos; primero con un aire de refresco a una izquierda que estaba en la lona en México tras el fraude de 1988 y el derrumbe del Muro de Berlín en 1989; luego, con la reforma electoral que les abrió el paso a gobernar la Ciudad de México, en donde los gobiernos de izquierda han sido eficientes administradores del neoliberalismo, en favor de empresarios del salinismo como Carlos Slim.

Irónico, además, que acusen de salinismo o de priismo a los zapatistas, los seguidores de AMLO, quienes han hecho sus candidatos y han llevado con su voto a una gran cantidad de priistas, muchos de ellos salinistas o zedillistas, como Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador, Marcelo Ebrard, Juan Sabines, Ángel Aguirre Rivero (sus manos manchadas de sangre normalista ya, cuando AMLO lo apoyó para gobernar Guerrero), Gabino Cue, Lázaro Cárdenas Batel, Narciso Agúndez y Leonel Cota Montaño, Manuel Bartlett, Dante Delgado, Ricardo Monreal. Incluso son responsables de llevar al poder a otros políticos de extracción no priista pero cuyas trayectorias han sido favorables al priismo, como Miguel Ángel Mancera y Rosario Robles.

Los calumniadores del EZLN lo cusan de complicidad en el fraude de 2006, pero es falso. En cambio, los operadores del fraude de ese año, del equipo del Elba Esther Gordillo, fueron aliados de Morena en la más reciente elección en el Estado de México y no se descarta que lo sean en la elección presidencial de 2018, pues López Obrador ha dicho respecto de Gordillo, que “no hay que hacer leña del árbol caído”. Otros calumniadores repiten la mentira de que el EZLN llamó a no votar en 2006 y 2012, lo cual es falso, el EZLN jamás ha llamado a no votar, ha hecho fuertes críticas en 2005 y 2006 (y antes y después) al PRD y a López Obrador, críticas acerca de las cuales el tiempo les ha dado la razón a los zapatistas.

Actualmente el Congreso Nacional Indígena (del cual el EZLN forma parte) ha constituido un Concejo Indígena de Gobierno (cuya vocera es María de Jesús Patricio Martínez) que propone dar un paso adelante en la organización y la lucha anticapitalista en México y el mundo. Comenzando por López Obrador mismo, los calumniadores han resucitado su manido argumento de que todo es para quitarles votos y algunos de los más fanatizados seguidores del eterno candidato se han sumado a una campaña racista, misógina y de desprecio clasista contra la vocera del CIG, una luchadora social de toda la vida, indígena nahua.

Irónicamente, el verdadero heredero del liberalismo social que preconizó Salinas de Gortari es López Obrador (por algo varios connotados salinistas han sido tan cercanos al candidato de Morena), y en recientes propuestas, so pretexto de oponerse a Trump, Obrador ha reivindicado el TLCAN (NAFTA), máxima obra de Carlos Salinas de Gortari, y ha propuesto dar más entrada a las mineras canadienses, cuya  política criminal destruye comunidades y territorios en diversas zonas geográficas mexicanas.
Es claro que para cualquier persona que se informe en fuentes verídicas y juzgue de buena fe las cosas, el zapatismo y sus aliados cuentan entre los más consistentes opositores al neoliberalismo salinista y sus proyectos de devastación social y ambiental.

En contraste, Obrador, más allá de usar la bandera nacionalista (el petróleo, por ejemplo), ha sido el impulsor de las candidaturas exitosas de muchos de los operadores de la devastación social y ambiental en México. Nada anuncia que AMLO  vaya a cambiar, y sus seguidores siguen usando la calumnia de manera sistemática.

Oponer los hechos verdaderos a esas calumnias es parte de un sano ejercicio de memoria y de capacidad crítica.

Es, entre otras cosas, porque esa izquierda neoliberal encabezada por el PRD y ahora por Morena, no representará jamás los intereses de quienes defienden el territorio de la devastación capitalista, por lo que hay una propuesta diferente con el Concejo Indígena de Gobierno y su vocera Marichuy, impulsados por el Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno.

Toda la información resumida en este artículo puede ser investigada y verificada, si se tiene la paciencia de ir a archivos hemerográficos, algunos de antes de los archivos on line. Descubrir la verdad y no dejar que la cambien por falsedades los propagandistas es un acto necesario de conciencia.


Foto: Javier Clériga (Xavotencatl)


lunes, 23 de octubre de 2017

La voz del Nayar

La voz del Nayar

La postulación de María de Jesús Patricio Martínez como vocera del Concejo Indígena de Gobierno y aspirante a la candidatura independiente a la presidencia en el proceso electoral de 2018 es una acción política que, lejos de concentrarse en la toma del poder a través de las elecciones, intenta conectar centenas de voces disidentes en toda la república. En el proyecto «Concejo Indígena de Gobierno: la voz de todos» recogemos el testimonio de algunas de estas voces. En esta entrega publicamos «La voz del Nayar». Una entrevista en dos partes en la que Julián López Cánere nos ofrece un relato pormenorizado de la resistencia ancestral de los nayeri, mejor conocidos como pueblo cora.

La voz del Nayar I 




La voz del Nayar II

 

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miércoles, 11 de octubre de 2017

Balance tras el terremoto en México

Balance tras el terremoto en México

Por: Alberto Torres

Vivir en México es, en general, una situación de alto riesgo. Las particularidades pueden implicar extremos de violencia, si es usted periodista o si es mujer, por citar ejemplos muy visibles, aunque no exclusivos; mas hay también el extremo opuesto, es decir, el de los inmaculados cuellos blancos, el de quienes no sufren ni se acongojan, pues cuentan con cercos, blindajes, protecciones, complicidades que muy difícilmente llegan a dejar que se filtre alguna preocupación a ese círculo –que se autopercibe y se promueve así- impoluto.

En ese contexto, el pasado 7 de septiembre un fuerte sismo (sensible en la capital con una intensidad de 7.1 grados) afectó en particular los estados de Oaxaca y Chiapas, y desvió, comprensiblemente, la atención de dos temas que habían agitado la jornada política ese mismo día.

Uno fue la publicación de un megafraude [la Estafa maestra], mediante el cual por lo menos 11 dependencias de gobierno, como la Secretaría de Desarrollo Social, la de Educación Pública y la de Comunicaciones y Transportes, entre otras, habrían hecho desaparecer cerca de 7 mil 700 millones de pesos (más de 421 millones de dólares) a través de la entrega de dinero público a empresas fantasma cuya existencia se limitó al plazo indispensable para cobrar y robarse los recursos.

El otro evento fue la organizada y masiva repulsa del heroico pueblo oaxaqueño a la visita del presidente, Enrique Peña Nieto (EPN), hecho que requirió una importante concentración de elementos represivos, humanos y materiales, y que agudizó la furia vengativa de los "agentes del orden", luego de que un cohetón alcanzara un helicóptero de la comitiva presidencial.
Sin ahorrar dislates y declaraciones en estado inconveniente, EPN se montó desde la madrugada del 8 de septiembre en una campaña mediática que proponía al mandatario y su gabinete (su círculo de ministros, muchos embarrados en el megafraude recién destapado) como superhéroes y salvadores; poco menos que una liga de la justicia -de Petatiux, naturalmente-, desplegados, según las versiones oficiales y mediáticas, en los sitios más afectados por el movimiento telúrico del 7 de septiembre en el suroeste mexicano.

El 19 de septiembre, un sismo de magnitud 7,1 remeció de nueva cuenta la Ciudad de México –más común y entrañablemente conocida como el DeFectuoso, por las siglas de Distrito Federal, D.F., su nombre oficial hasta hace poco. Ocurrido al mediodía, y apenas minutos después del simulacro conmemorativo del terremoto que en 1985 devastó la enorme megalópolis, exactamente 32 años antes, el sacudón de este 2017 resultó más dañino debido a factores humanos que privan y se exacerban en el capitalismo dependiente de la era neoliberal, y que campea orondo en México desde 1982.

Además de sorprender a los ciudadanos en sus centros educativos y laborales, el movimiento de las capas terrestres corrió los velos, nada pudorosos, de la ambición sin más, que acompaña la especulación inmobiliaria, connatural a la cínica corrupción de la que presumen funcionarios estatales de todo nivel.

En paralelo, no obstante, la movilización ciudadana cundió y superó, por mucho, a la burocracia, oficial e informal, así como a los domados-cooptados, que también existen y, cuando no obedecieron los insistentes llamados de la abrumadora mayoría de medios serviles para resguardarse en su casa e intentaron salvar muchas vidas a punta de likes, salieron de buena voluntad a exhortar a quienes sí se movieron más allá de lo virtual para que obedecieran, volvieran a sus hogares y dejaran todo en manos de las diversas policías y de las Fuerzas Armadas.

Enormes contingentes de voluntarios autorganizados emprendieron desde el primer momento las tareas de remoción de escombros, rescate de heridos, demolición o reforzamiento de estructuras dañadas, reparación de ductos de gas, agua, o instalaciones eléctricas; luego y en simultáneo (sin dejar de hacer una cosa se fueron presentando y resolviendo nuevas necesidades), vino la concentración, clasificación y distribución de acopios compuestos por alimentos, medicamentos, ropa, herramientas y materiales. También se han promovido los aportes con dinero, mediante depósitos a ciertas cuentas bancarias. El día después, miércoles 20 de septiembre, por ejemplo, fue tal la convocatoria para apoyar en Xochimilco que el tránsito vehicular hacia ese punto se tornó caótico y retrasó a quienes se desplazaban por ese medio, lo cual potenció la labor de lXs ciclistas y motociclistas, así como de quienes recorrieron a pie varios kilómetros hasta llegar a pueblos como el de San Gregorio, cuyas edificaciones resultaron muy afectadas.

La habitual tendencia a centralizar atención y apoyos en las capitales, sumado al abrumador despliegue policiaco-militar que desde el jueves 21 se volcó a tratar de retomar el control de las calles, influyeron para fortalecer la solidaridad ciudadana de la capital hacia los estados colindantes donde se registró el epicentro del sismo, Morelos y Puebla, entidades en las que rápidamente afloró la inmoral rapiña de la clase política mexicana. Se sucedieron allí las denuncias de acaparamiento y rempaquetamiento de víveres para adjudicárselos a gobiernos locales, premura contrastante con la lentitud para entregar o acudir siquiera a las comunidades más alejadas de las cabeceras municipales.

La disputa por el espacio público alcanzó múltiples cimas. En Ciudad de México la prisa por “limpiar” la imagen urbana llevó a las autoridades a reprimir, el viernes 22, a familiares de personas atrapadas, vecinos y brigadistas voluntarios que se oponían a la remoción de escombros con maquinaria pesada en sitios en los que aún había múltiples reportes de desaparecidas, amenaza que, clasistamente, se concretó en la esquina de Chimalpopoca y Bolívar, colonia Obrera, donde se encontraba un edificio de cuatro niveles en el que laboraban mayoritariamente mujeres dedicadas a la costura, de al menos tres empresas.

Atestiguar en los espacios más dañados la presencia de contingentes voluntarios procedentes de toda la república, desde Tijuana, en la frontera norte, hasta Atoyac e Iguala, en el Guerrero estado que bien honra su nombre, lo mismo que chiapanecos, regios, chihuahuenses, oaxacos o coahuilenses, es un indicio alentador de que el terremoto sacudió algo más que los suelos; numerosos funcionarios, desde el secretario de gobernación, gobernadores como el de Morelos, hasta varios presidentes municipales han sido echados por multitudes indignadas que les han frustrado las sesiones de selfies al grito de “¡pónganse a trabajar!”.

Las labores de socorro tampoco han sido detenidas para hacer espacio a la memoria y seguir reivindicando un creciente clamor de justicia y de digna rabia, y este 26 de septiembre, al cumplirse tres años de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal rural de Ayotzinapa, una breve marcha silenciosa y un discreto pero concurrido y enérgico acto político insistieron en que “fue y es el Estado” el responsable, tanto del crimen de lesa humanidad, como de la impunidad imperante, de la revictimización del entorno social de los jóvenes normalistas o de los crecientes índices de violencia, particularmente dirigida contra sectores vulnerables e indóciles, como las mujeres que se organizan, los periodistas honestos o el estudiantado campesino, que al convertirse en magisterio rural canaliza y potencia en alternativas de organización los descontentos de sus comunidades.

El conflicto social, agudizado tras los terremotos, no está resuelto ni promete volver a inclinar la balanza del lado de las clases que hasta el 19 de septiembre pasado detentaban la hegemonía. No son más significativos los bares –llenos de bebensales- en la colonia Roma, pese a la notoria afectación de su antiquísima arquitectura, que las brigadas voluntarias de socorristas, mantenidas con inagotables esfuerzos por toda la geografía nacional. Pese a la presión de los jefes para acatar e implementar la “vuelta a la normalidad”, aún es fácil encontrar empleados públicos que exigen seriedad en la evaluación de edificaciones dañadas por los sismos, ante el peligro que representa regresar a laborar en ese tipo de edificios; algo similar seguirá ocurriendo con las conservadoras cifras oficiales, tanto en el D.F. como a nivel federal, pues día a día se multiplican los reportes y llamados de auxilio en zonas con grandes edificios a punto de derrumbarse, y que ponen en riesgo las vidas y seguridad de personas e inmuebles vecinos.

Una ciudadanía predominantemente joven y vuelta a sus cabales, a pesar de los ingentes recursos utilizados por el Estado para someterla a una imposición social del miedo, se muestra cada vez más indócil e indispuesta a regresar a una normalidad plagada de asesinatos, abusos de género, de autoridad, de todo tipo: a la “naturalización” de las decenas de miles de desapariciones forzadas, la corrupción simbolizada por casas blancas y la impunidad de familias dinásticas que mal-gobiernan y dilapidan la soberanía de un país que fue vanguardia de dignidad, de búsqueda y promoción de la paz y la justicia social.

El gobierno en turno sabe que el desastre ocasionado por los movimientos telúricos, como hace 32 años, puede convertirse en una crisis de vida que frene y revierta su estela de muerte, por lo que redobla ya su apuesta autoritaria y represiva. En ese marco se inscriben también los llamados de las universidades públicas al retorno a clases, aunque ha sido contenido, hasta el momento, por la organización estudiantil.

Las necesidades, tanto como los esfuerzos y apoyos hermanos, horizontales, siguen poblando las calles, los centros de acopio, los albergues para damnificados y para lXs inagotables voluntariXs. Parafraseando el adagio “la pelea es peleando”, la reconstrucción, material y social que México requiere, esa honda reconstrucción, es reconstruyendo: está donde no se acatan los llamados oprobiosos a la pasividad y la obediencia, y se trabaja arduamente, en cambio, junto a quienes no queremos volver a la normalidad de terror y de muerte.




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jueves, 5 de octubre de 2017

Apuntes portátiles para brigadistas insomnes III



La catástrofe o la extinción del tiempo

La catástrofe es inclemente con el hilo del tiempo que conocemos: lo convierte en un ovillo desahuciado, en una madeja sin concierto, en un cúmulo desordenado e incoherente. Caminamos por la catástrofe erráticos, suspendidos de un tiempo que no nos pertenece porque no es posible hacerlo nuestro. Es un tiempo desconocido que nos atraviesa con la fatalidad de la bala en el costado del animal sorprendido.

Nos asomamos a la catástrofe y dejamos de buscar explicaciones de lo que pasó porque el pasado es quizá una de las primeras víctimas bajo los escombros. Los ojos del pasado se han quedado ciegos: sus pupilas están oscuras, su iris es negro, y sus cuencas se vacían para enjambrar sobre todo el misterio.  La catástrofe no sólo ciega al tiempo, también lo enmudece. Nada en él puede decirnos por qué una niña de 6 años es aplastada por la torre de una iglesia y un criminal, de esos que abundan en las oficinas de gobierno o en los cuarteles de la infamia, se regocija en su oficina. La injusticia de la catástrofe es tan grande que sólo cabe en la indiferencia. El terremoto es un dictador: no escucha; no admite indagación alguna.

Cuando el polvo aún no termina de caer del aire, nos juntamos para remover la ciudad hecha añicos. Otros corren a los pueblos, a las comunidades, a las pequeñas ciudades que murmuran su dolor. Todos buscamos recuperar a la vida. Lloramos de alegría lo mismo si se rescata a un taiwanes o a un niño, a una mujer o a un protestante. La vida es vida: no importa el género, la nacionalidad o la religión. Lloramos desesperados si recuperamos un cuerpo, un brazo, alguna víscera, una mano mutilada que sentimos tan cercana como las que cuelgan de nuestro brazos.

Nadie supo nunca de qué está hecho el tiempo; sospechamos, sin embargo, que el llanto puede fundarlo de nuevo.





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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Comunicado COORDINADORA COMBATIVA ANTICAPITALISTA

COORDINADORA COMBATIVA ANTICAPITALISTA
Comunicado de análisis y propuestas tras los terremotos

Por la reconstrucción y auto-organización de los barrios, comunidades, pueblos y ciudades.

Después del pasado terremoto del 19 de septiembre de 2017, distintxs integrantes y colectivos de la Coordinadora Combativa Anticapitalista (CCA) salimos en brigadas de apoyo solidario a diferentes puntos de la Ciudad de México, Estado de México, Morelos y Puebla. Tras varios días de proporcionar nuestros recursos para tratar de salvar vidas y ayudar a las víctimas, hemos realizado una reflexión en conjunto que ponemos a discusión con el resto de la sociedad, individuxs, colectivos, organizaciones sociales, pueblos y comunidades. De esta reflexión hacemos varias propuestas para que, tras la catástrofe, comencemos la “reconstrucción”, de manera autónoma y autogestiva, de este país en todos sus niveles.

A partir de nuestras distintas experiencias en esos lugares, identificamos situaciones constantes que merecen ser destacadas brevemente para que, con base en ellas, se pueda comprender nuestro análisis y nuestras propuestas de acción.

En primer lugar, destacamos que durante las primeras horas posteriores al terremoto se dio una gran participación y auto-organización espontánea de todos los pueblos y ciudades del país; se logró rescatar a muchas personas y animales; se autogestionaron los recursos, víveres, herramientas, medicamentos y se rebasó en todos los niveles a las instituciones del Estado.

En un segundo momento, el Estado intentó desarticular y contener la organización de la gente; controlar los accesos, obstaculizar la labor de brigadistas en las zonas de desastre y monopolizar y robar el acopio donado por la población. Además, creó falsos rumores, desinformó a través de los medios masivos y buscó disuadir, con la presencia de cuerpos represores uniformados y vestidos de civil, la participación solidaria de las personas.

Consideramos que, a partir de la pugna entre la masiva respuesta solidaria y los intentos del Estado por desmovilizar la reconstrucción del tejido social propiciada por la catástrofe, es indispensable ganar la calle, organizarse horizontalmente y movilizarse, así como generar redes colectivas con el propósito de tomar el espacio público. Urge una estrategia de acción que revierta esta situación, para lo cual hemos construido una serie de propuestas que queremos socializar para impulsar su discusión colectiva, a fin de revertir la estrategia del Estado y lograr la reconstrucción de pueblos, comunidades y ciudades en todos los sentidos, a corto, mediano y largo plazo.

Propuestas de acción:
  • Generar espacios de acopio autónomos y autogestivos debidamente identificados que aseguren que la ayuda llegue directamente a las familias afectadas sin intermediarios de ningún tipo. La CCA cuenta con el espacio de la Komuna 23, en la ENTS de la UNAM, como uno de esos centros de acopio y llamamos a los demás colectivos e individualidades a que generen los suyos.
  • Organizar brigadas que recuperen las herramientas, víveres y medicamentos que han sido robados por el Estado y sus instituciones, a fin de que sean repartidos en los lugares que más los necesitan. Se propone que en las distintas asambleas que se están convocando se identifiquen los lugares en donde se encuentran los apoyos mencionados y se impulse acudir a los mismos para su recuperación inmediata.
  • Impulsar brigadas de información y agitación que den a conocer los esfuerzos de organización de los pueblos, así como fomentar la construcción de campamentos en los alrededores de los edificios afectados, con el objetivo de que se asegure la reconstrucción de las viviendas destruidas y afectadas.
  • Sumarse a la acción global del 26 de septiembre para denunciar que fue el Estado el que desapareció a los 43 normalistas y es el Estado gran protagonista de esta catástrofe que se está viviendo.
  • Convocamos a la Marcha Combativa del 2 de octubre, para reivindicar la memoria de nuestrxs muertxs asesinadxs por el Estado y al terminar el mitin comenzar la organización colectiva (mediante mesas de trabajo interdisciplinario y popular) para emprender la reconstrucción de nuestros pueblos, comunidades, barrios y ciudades. La ruta de la marcha será del Antimonumento a los 43 a Tlatelolco, a las 14 horas.
  • Invitamos a todos los colectivos, organizaciones e individualidades a que denuncien la aberrante actuación del Estado, por medio de fotos videos y testimonios en donde se evidencia el robo del acopio y cómo se limita la participación de la gente. Para ello, proporcionamos nuestro correo electrónico: coordinadoracombativa@gmail.com y nuestra página de Facebook: Coordinadora Combativa Anticapitalista – CCA
  • A mediano plazo, resolver autónoma y autogestivamente los problemas causados por el terremoto; continuar con la recuperación del acopio robado por el Estado, denunciarlo y arrancarle la información de los recursos, para que realmente lleguen a la población afectada y sirva a la reconstrucción de las viviendas.
  • A largo plazo, organizar actividades y acciones para generar recursos que sirvan para continuar con la ayuda a lxs damnificadxs.
Finalmente mencionamos que, en todos los lugares visitados por las brigadas de la CCA, se pudo observar que las dimensiones del desastre superan por mucho lo que los medios masivos de información y el Estado reconocen. Vemos, como siempre, la podredumbre y violencia del Estado, así como la complacencia cómplice de muchas personas. Sin embargo, también encontramos que hay esperanza, que aún hay miles de personas que se auto-organizan y que, espontáneamente, buscan darle un “nuevo sentido” a la vida. Y en esta búsqueda de “sentido” es donde debemos poner énfasis para hacer de este desastre una posibilidad de generar cambios en la sociedad, reconstruida desde abajo, inventando otra forma de concebir y construir el mundo. Ese mundo que buscamos surja con autonomía, autogestión, horizontalidad y apoyo mutuo. Ese que llevamos dentro de nuestros corazones … sin Estado y contra el Estado.

¡Por más acopios autogestivos y sin rapiña, recuperemos lo que es nuestro!
¡Somos la memoria viva de nuestrxs muertxs!
¡Reivindiquemos la rabia, dignifiquemos el enojo!
¡Vamos hacia la vida!
¡Los trabajos de rescate son nuestros y lxs desaparecidxs también!
¡Por la reconstrucción de pueblos, comunidades, barrios y ciudades!

Coordinadora Combativa Anticapitalista – CCA
Septiembre de 2017


Contacto:
Blog: coordinadoracombativa-cca.blogspot.mx
Correo electrónico: coordinadoracombativa@gmail.com
Facebook: Coordinadora Combativa Anticapitalista – CCA