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miércoles, 11 de octubre de 2017

Balance tras el terremoto en México

Balance tras el terremoto en México

Por: Alberto Torres

Vivir en México es, en general, una situación de alto riesgo. Las particularidades pueden implicar extremos de violencia, si es usted periodista o si es mujer, por citar ejemplos muy visibles, aunque no exclusivos; mas hay también el extremo opuesto, es decir, el de los inmaculados cuellos blancos, el de quienes no sufren ni se acongojan, pues cuentan con cercos, blindajes, protecciones, complicidades que muy difícilmente llegan a dejar que se filtre alguna preocupación a ese círculo –que se autopercibe y se promueve así- impoluto.

En ese contexto, el pasado 7 de septiembre un fuerte sismo (sensible en la capital con una intensidad de 7.1 grados) afectó en particular los estados de Oaxaca y Chiapas, y desvió, comprensiblemente, la atención de dos temas que habían agitado la jornada política ese mismo día.

Uno fue la publicación de un megafraude [la Estafa maestra], mediante el cual por lo menos 11 dependencias de gobierno, como la Secretaría de Desarrollo Social, la de Educación Pública y la de Comunicaciones y Transportes, entre otras, habrían hecho desaparecer cerca de 7 mil 700 millones de pesos (más de 421 millones de dólares) a través de la entrega de dinero público a empresas fantasma cuya existencia se limitó al plazo indispensable para cobrar y robarse los recursos.

El otro evento fue la organizada y masiva repulsa del heroico pueblo oaxaqueño a la visita del presidente, Enrique Peña Nieto (EPN), hecho que requirió una importante concentración de elementos represivos, humanos y materiales, y que agudizó la furia vengativa de los "agentes del orden", luego de que un cohetón alcanzara un helicóptero de la comitiva presidencial.
Sin ahorrar dislates y declaraciones en estado inconveniente, EPN se montó desde la madrugada del 8 de septiembre en una campaña mediática que proponía al mandatario y su gabinete (su círculo de ministros, muchos embarrados en el megafraude recién destapado) como superhéroes y salvadores; poco menos que una liga de la justicia -de Petatiux, naturalmente-, desplegados, según las versiones oficiales y mediáticas, en los sitios más afectados por el movimiento telúrico del 7 de septiembre en el suroeste mexicano.

El 19 de septiembre, un sismo de magnitud 7,1 remeció de nueva cuenta la Ciudad de México –más común y entrañablemente conocida como el DeFectuoso, por las siglas de Distrito Federal, D.F., su nombre oficial hasta hace poco. Ocurrido al mediodía, y apenas minutos después del simulacro conmemorativo del terremoto que en 1985 devastó la enorme megalópolis, exactamente 32 años antes, el sacudón de este 2017 resultó más dañino debido a factores humanos que privan y se exacerban en el capitalismo dependiente de la era neoliberal, y que campea orondo en México desde 1982.

Además de sorprender a los ciudadanos en sus centros educativos y laborales, el movimiento de las capas terrestres corrió los velos, nada pudorosos, de la ambición sin más, que acompaña la especulación inmobiliaria, connatural a la cínica corrupción de la que presumen funcionarios estatales de todo nivel.

En paralelo, no obstante, la movilización ciudadana cundió y superó, por mucho, a la burocracia, oficial e informal, así como a los domados-cooptados, que también existen y, cuando no obedecieron los insistentes llamados de la abrumadora mayoría de medios serviles para resguardarse en su casa e intentaron salvar muchas vidas a punta de likes, salieron de buena voluntad a exhortar a quienes sí se movieron más allá de lo virtual para que obedecieran, volvieran a sus hogares y dejaran todo en manos de las diversas policías y de las Fuerzas Armadas.

Enormes contingentes de voluntarios autorganizados emprendieron desde el primer momento las tareas de remoción de escombros, rescate de heridos, demolición o reforzamiento de estructuras dañadas, reparación de ductos de gas, agua, o instalaciones eléctricas; luego y en simultáneo (sin dejar de hacer una cosa se fueron presentando y resolviendo nuevas necesidades), vino la concentración, clasificación y distribución de acopios compuestos por alimentos, medicamentos, ropa, herramientas y materiales. También se han promovido los aportes con dinero, mediante depósitos a ciertas cuentas bancarias. El día después, miércoles 20 de septiembre, por ejemplo, fue tal la convocatoria para apoyar en Xochimilco que el tránsito vehicular hacia ese punto se tornó caótico y retrasó a quienes se desplazaban por ese medio, lo cual potenció la labor de lXs ciclistas y motociclistas, así como de quienes recorrieron a pie varios kilómetros hasta llegar a pueblos como el de San Gregorio, cuyas edificaciones resultaron muy afectadas.

La habitual tendencia a centralizar atención y apoyos en las capitales, sumado al abrumador despliegue policiaco-militar que desde el jueves 21 se volcó a tratar de retomar el control de las calles, influyeron para fortalecer la solidaridad ciudadana de la capital hacia los estados colindantes donde se registró el epicentro del sismo, Morelos y Puebla, entidades en las que rápidamente afloró la inmoral rapiña de la clase política mexicana. Se sucedieron allí las denuncias de acaparamiento y rempaquetamiento de víveres para adjudicárselos a gobiernos locales, premura contrastante con la lentitud para entregar o acudir siquiera a las comunidades más alejadas de las cabeceras municipales.

La disputa por el espacio público alcanzó múltiples cimas. En Ciudad de México la prisa por “limpiar” la imagen urbana llevó a las autoridades a reprimir, el viernes 22, a familiares de personas atrapadas, vecinos y brigadistas voluntarios que se oponían a la remoción de escombros con maquinaria pesada en sitios en los que aún había múltiples reportes de desaparecidas, amenaza que, clasistamente, se concretó en la esquina de Chimalpopoca y Bolívar, colonia Obrera, donde se encontraba un edificio de cuatro niveles en el que laboraban mayoritariamente mujeres dedicadas a la costura, de al menos tres empresas.

Atestiguar en los espacios más dañados la presencia de contingentes voluntarios procedentes de toda la república, desde Tijuana, en la frontera norte, hasta Atoyac e Iguala, en el Guerrero estado que bien honra su nombre, lo mismo que chiapanecos, regios, chihuahuenses, oaxacos o coahuilenses, es un indicio alentador de que el terremoto sacudió algo más que los suelos; numerosos funcionarios, desde el secretario de gobernación, gobernadores como el de Morelos, hasta varios presidentes municipales han sido echados por multitudes indignadas que les han frustrado las sesiones de selfies al grito de “¡pónganse a trabajar!”.

Las labores de socorro tampoco han sido detenidas para hacer espacio a la memoria y seguir reivindicando un creciente clamor de justicia y de digna rabia, y este 26 de septiembre, al cumplirse tres años de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal rural de Ayotzinapa, una breve marcha silenciosa y un discreto pero concurrido y enérgico acto político insistieron en que “fue y es el Estado” el responsable, tanto del crimen de lesa humanidad, como de la impunidad imperante, de la revictimización del entorno social de los jóvenes normalistas o de los crecientes índices de violencia, particularmente dirigida contra sectores vulnerables e indóciles, como las mujeres que se organizan, los periodistas honestos o el estudiantado campesino, que al convertirse en magisterio rural canaliza y potencia en alternativas de organización los descontentos de sus comunidades.

El conflicto social, agudizado tras los terremotos, no está resuelto ni promete volver a inclinar la balanza del lado de las clases que hasta el 19 de septiembre pasado detentaban la hegemonía. No son más significativos los bares –llenos de bebensales- en la colonia Roma, pese a la notoria afectación de su antiquísima arquitectura, que las brigadas voluntarias de socorristas, mantenidas con inagotables esfuerzos por toda la geografía nacional. Pese a la presión de los jefes para acatar e implementar la “vuelta a la normalidad”, aún es fácil encontrar empleados públicos que exigen seriedad en la evaluación de edificaciones dañadas por los sismos, ante el peligro que representa regresar a laborar en ese tipo de edificios; algo similar seguirá ocurriendo con las conservadoras cifras oficiales, tanto en el D.F. como a nivel federal, pues día a día se multiplican los reportes y llamados de auxilio en zonas con grandes edificios a punto de derrumbarse, y que ponen en riesgo las vidas y seguridad de personas e inmuebles vecinos.

Una ciudadanía predominantemente joven y vuelta a sus cabales, a pesar de los ingentes recursos utilizados por el Estado para someterla a una imposición social del miedo, se muestra cada vez más indócil e indispuesta a regresar a una normalidad plagada de asesinatos, abusos de género, de autoridad, de todo tipo: a la “naturalización” de las decenas de miles de desapariciones forzadas, la corrupción simbolizada por casas blancas y la impunidad de familias dinásticas que mal-gobiernan y dilapidan la soberanía de un país que fue vanguardia de dignidad, de búsqueda y promoción de la paz y la justicia social.

El gobierno en turno sabe que el desastre ocasionado por los movimientos telúricos, como hace 32 años, puede convertirse en una crisis de vida que frene y revierta su estela de muerte, por lo que redobla ya su apuesta autoritaria y represiva. En ese marco se inscriben también los llamados de las universidades públicas al retorno a clases, aunque ha sido contenido, hasta el momento, por la organización estudiantil.

Las necesidades, tanto como los esfuerzos y apoyos hermanos, horizontales, siguen poblando las calles, los centros de acopio, los albergues para damnificados y para lXs inagotables voluntariXs. Parafraseando el adagio “la pelea es peleando”, la reconstrucción, material y social que México requiere, esa honda reconstrucción, es reconstruyendo: está donde no se acatan los llamados oprobiosos a la pasividad y la obediencia, y se trabaja arduamente, en cambio, junto a quienes no queremos volver a la normalidad de terror y de muerte.




Este trabajo forma parte del proyecto Homo vespa: un proyecto de autonomía editorial que publica y difunde contenidos inéditos de política, filosofía, literatura y crítica social. Para adherirte al proyecto suscríbete y recibe todas las publicaciones a tu correo en formato de libro electrónico y distintos beneficios por tarifa. Hay suscripciones desde 50 pesos mensuales. ¿Prefieres no hacer pagos por Internet? Escribe en nuestra página de seguidores o a ometeotlram@yahoo.com.mx y pregunta por las opciones de pago en OXXO o por transferencia bancaria.

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jueves, 5 de octubre de 2017

Apuntes portátiles para brigadistas insomnes III



La catástrofe o la extinción del tiempo

La catástrofe es inclemente con el hilo del tiempo que conocemos: lo convierte en un ovillo desahuciado, en una madeja sin concierto, en un cúmulo desordenado e incoherente. Caminamos por la catástrofe erráticos, suspendidos de un tiempo que no nos pertenece porque no es posible hacerlo nuestro. Es un tiempo desconocido que nos atraviesa con la fatalidad de la bala en el costado del animal sorprendido.

Nos asomamos a la catástrofe y dejamos de buscar explicaciones de lo que pasó porque el pasado es quizá una de las primeras víctimas bajo los escombros. Los ojos del pasado se han quedado ciegos: sus pupilas están oscuras, su iris es negro, y sus cuencas se vacían para enjambrar sobre todo el misterio.  La catástrofe no sólo ciega al tiempo, también lo enmudece. Nada en él puede decirnos por qué una niña de 6 años es aplastada por la torre de una iglesia y un criminal, de esos que abundan en las oficinas de gobierno o en los cuarteles de la infamia, se regocija en su oficina. La injusticia de la catástrofe es tan grande que sólo cabe en la indiferencia. El terremoto es un dictador: no escucha; no admite indagación alguna.

Cuando el polvo aún no termina de caer del aire, nos juntamos para remover la ciudad hecha añicos. Otros corren a los pueblos, a las comunidades, a las pequeñas ciudades que murmuran su dolor. Todos buscamos recuperar a la vida. Lloramos de alegría lo mismo si se rescata a un taiwanes o a un niño, a una mujer o a un protestante. La vida es vida: no importa el género, la nacionalidad o la religión. Lloramos desesperados si recuperamos un cuerpo, un brazo, alguna víscera, una mano mutilada que sentimos tan cercana como las que cuelgan de nuestro brazos.

Nadie supo nunca de qué está hecho el tiempo; sospechamos, sin embargo, que el llanto puede fundarlo de nuevo.





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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Comunicado COORDINADORA COMBATIVA ANTICAPITALISTA

COORDINADORA COMBATIVA ANTICAPITALISTA
Comunicado de análisis y propuestas tras los terremotos

Por la reconstrucción y auto-organización de los barrios, comunidades, pueblos y ciudades.

Después del pasado terremoto del 19 de septiembre de 2017, distintxs integrantes y colectivos de la Coordinadora Combativa Anticapitalista (CCA) salimos en brigadas de apoyo solidario a diferentes puntos de la Ciudad de México, Estado de México, Morelos y Puebla. Tras varios días de proporcionar nuestros recursos para tratar de salvar vidas y ayudar a las víctimas, hemos realizado una reflexión en conjunto que ponemos a discusión con el resto de la sociedad, individuxs, colectivos, organizaciones sociales, pueblos y comunidades. De esta reflexión hacemos varias propuestas para que, tras la catástrofe, comencemos la “reconstrucción”, de manera autónoma y autogestiva, de este país en todos sus niveles.

A partir de nuestras distintas experiencias en esos lugares, identificamos situaciones constantes que merecen ser destacadas brevemente para que, con base en ellas, se pueda comprender nuestro análisis y nuestras propuestas de acción.

En primer lugar, destacamos que durante las primeras horas posteriores al terremoto se dio una gran participación y auto-organización espontánea de todos los pueblos y ciudades del país; se logró rescatar a muchas personas y animales; se autogestionaron los recursos, víveres, herramientas, medicamentos y se rebasó en todos los niveles a las instituciones del Estado.

En un segundo momento, el Estado intentó desarticular y contener la organización de la gente; controlar los accesos, obstaculizar la labor de brigadistas en las zonas de desastre y monopolizar y robar el acopio donado por la población. Además, creó falsos rumores, desinformó a través de los medios masivos y buscó disuadir, con la presencia de cuerpos represores uniformados y vestidos de civil, la participación solidaria de las personas.

Consideramos que, a partir de la pugna entre la masiva respuesta solidaria y los intentos del Estado por desmovilizar la reconstrucción del tejido social propiciada por la catástrofe, es indispensable ganar la calle, organizarse horizontalmente y movilizarse, así como generar redes colectivas con el propósito de tomar el espacio público. Urge una estrategia de acción que revierta esta situación, para lo cual hemos construido una serie de propuestas que queremos socializar para impulsar su discusión colectiva, a fin de revertir la estrategia del Estado y lograr la reconstrucción de pueblos, comunidades y ciudades en todos los sentidos, a corto, mediano y largo plazo.

Propuestas de acción:
  • Generar espacios de acopio autónomos y autogestivos debidamente identificados que aseguren que la ayuda llegue directamente a las familias afectadas sin intermediarios de ningún tipo. La CCA cuenta con el espacio de la Komuna 23, en la ENTS de la UNAM, como uno de esos centros de acopio y llamamos a los demás colectivos e individualidades a que generen los suyos.
  • Organizar brigadas que recuperen las herramientas, víveres y medicamentos que han sido robados por el Estado y sus instituciones, a fin de que sean repartidos en los lugares que más los necesitan. Se propone que en las distintas asambleas que se están convocando se identifiquen los lugares en donde se encuentran los apoyos mencionados y se impulse acudir a los mismos para su recuperación inmediata.
  • Impulsar brigadas de información y agitación que den a conocer los esfuerzos de organización de los pueblos, así como fomentar la construcción de campamentos en los alrededores de los edificios afectados, con el objetivo de que se asegure la reconstrucción de las viviendas destruidas y afectadas.
  • Sumarse a la acción global del 26 de septiembre para denunciar que fue el Estado el que desapareció a los 43 normalistas y es el Estado gran protagonista de esta catástrofe que se está viviendo.
  • Convocamos a la Marcha Combativa del 2 de octubre, para reivindicar la memoria de nuestrxs muertxs asesinadxs por el Estado y al terminar el mitin comenzar la organización colectiva (mediante mesas de trabajo interdisciplinario y popular) para emprender la reconstrucción de nuestros pueblos, comunidades, barrios y ciudades. La ruta de la marcha será del Antimonumento a los 43 a Tlatelolco, a las 14 horas.
  • Invitamos a todos los colectivos, organizaciones e individualidades a que denuncien la aberrante actuación del Estado, por medio de fotos videos y testimonios en donde se evidencia el robo del acopio y cómo se limita la participación de la gente. Para ello, proporcionamos nuestro correo electrónico: coordinadoracombativa@gmail.com y nuestra página de Facebook: Coordinadora Combativa Anticapitalista – CCA
  • A mediano plazo, resolver autónoma y autogestivamente los problemas causados por el terremoto; continuar con la recuperación del acopio robado por el Estado, denunciarlo y arrancarle la información de los recursos, para que realmente lleguen a la población afectada y sirva a la reconstrucción de las viviendas.
  • A largo plazo, organizar actividades y acciones para generar recursos que sirvan para continuar con la ayuda a lxs damnificadxs.
Finalmente mencionamos que, en todos los lugares visitados por las brigadas de la CCA, se pudo observar que las dimensiones del desastre superan por mucho lo que los medios masivos de información y el Estado reconocen. Vemos, como siempre, la podredumbre y violencia del Estado, así como la complacencia cómplice de muchas personas. Sin embargo, también encontramos que hay esperanza, que aún hay miles de personas que se auto-organizan y que, espontáneamente, buscan darle un “nuevo sentido” a la vida. Y en esta búsqueda de “sentido” es donde debemos poner énfasis para hacer de este desastre una posibilidad de generar cambios en la sociedad, reconstruida desde abajo, inventando otra forma de concebir y construir el mundo. Ese mundo que buscamos surja con autonomía, autogestión, horizontalidad y apoyo mutuo. Ese que llevamos dentro de nuestros corazones … sin Estado y contra el Estado.

¡Por más acopios autogestivos y sin rapiña, recuperemos lo que es nuestro!
¡Somos la memoria viva de nuestrxs muertxs!
¡Reivindiquemos la rabia, dignifiquemos el enojo!
¡Vamos hacia la vida!
¡Los trabajos de rescate son nuestros y lxs desaparecidxs también!
¡Por la reconstrucción de pueblos, comunidades, barrios y ciudades!

Coordinadora Combativa Anticapitalista – CCA
Septiembre de 2017


Contacto:
Blog: coordinadoracombativa-cca.blogspot.mx
Correo electrónico: coordinadoracombativa@gmail.com
Facebook: Coordinadora Combativa Anticapitalista – CCA