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lunes, 7 de agosto de 2017

CIG: La voz de los yaquis de Vícam, Sonora

Concejo Indígena de Gobierno: la voz de todos
La voz de los yaquis de Vícam, Sonora 


Concejo Indígena de Gobierno: la voz de todos es un proyecto en el que publicamos periódicamente algunas de las más relevantes voces que se agrupan en la iniciativa lanzada por el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en octubre del 2016. Es una contribución que expone, en detalle, las principales características políticas de esta importante iniciativa en la voz de quienes la crean. 

Esta entrega ofrece el testimonio de Mario Luna Romero del pueblo yaqui de Vícam, en Sonora.  



Este trabajo forma parte del proyecto Homo vespa: un proyecto de autonomía editorial que publica y difunde contenidos inéditos de política, filosofía, literatura y crítica social. Para adherirte al proyecto  suscríbete y recibe todas las publicaciones a tu correo en formato de libro electrónico y distintos beneficios por tarifa. Hay suscripciones desde 50 pesos mensuales. ¿Prefieres no hacer pagos por Internet? Escribe en nuestra página de seguidores o a ometeotlram@yahoo.com.mx y pregunta por las opciones de pago en OXXO o por transferencia bancaria.



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jueves, 3 de agosto de 2017

Política

Política

“Una política de emancipación radical  no se origina en una prueba
 de posibilidad que el examen del mundo subministraría”
Alain Badiou

Todo el mundo se pregunta hoy en día qué es la política. Parece que de repente procurar comer y fornicar no es suficiente para enfrentar el sol, el concreto, los motores y la avalancha de humo con que inundamos la vida. Ayer, incluso un árbol que por lo demás se había mostrado bastante sensato me preguntó qué era la política. Como era de esperarse no sólo no le contesté, sino que le retiré mi simpatía pues los árboles no deben preocuparse más que por la tierra, el agua, el aire y acaso los nidos de pájaros con que florecen.

Su pregunta no sólo estaba fuera de lugar; era una clara insolencia. Y es que por supuesto que yo no sé qué es la política. Cuando regreso del trabajo, me molesta mucho escuchar a esos chicos en el metro con las piernas abiertas como compases desafiantes, barbas encendidas, y discursos tartamudos que intentan explicarme las clases sociales y el modelo neoliberal. No significa ello, por supuesto, que prefiera al señor de la corbata ajustada, calva prominente y voz educada del noticiario nocturno; ese que dice saber lo que los políticos dicen cuando gritan, cuando gruñen, cuando defecan. Lo que sucede es que tengo una relación de profundo respeto con ese señor: apenas asoma su cara en la pantalla de la televisión y yo busco, sin avisarle, un canal que llene el monitor de puntitos grises y negros que al saltar hagan un ruido como de una avispa cautiva. El señor del noticiario sabe que en ese acto no hay traza alguna de mala fe. Ambos necesitamos esa distancia para mantener la salud de nuestra amistad.

Como ven, no hay nada en la política que atraiga mi atención. Sin embargo, cuando era joven pensaba mucho más en la política: leía libros de política, discutía discursos de política, tenía peleas de política, y recuerdo incluso un orgasmo de política con una chica que tenía un tatuaje de Carlos Marx justo en la parte en que su espalda y sus nalgas negociaban políticamente las fronteras. Yo miraba el movimiento del tatuaje y me parecía entender de qué se trataba la política. Hoy mi juventud tiene el color mate de los tequilas reposados. Hace unos años tuve que ir, como consigna de trabajo, a un congreso de política. Presencié gráficas alucinantes, simulaciones matemáticas, y una plática de geopolítica que presagiaba el fin del mundo. Me quedé asombrado cuando los ponentes decían, con los ojos en blanco, que lo único que existe en política es el cálculo sin apelaciones de la economía. Todos decían ser demócratas convencidos y convencidos estudiosos de la política; usaban palabras como superávit, Estado de Derecho, inflación, equidad de las elecciones, modelos con contrapesos, equilibrio de poderes, regulación de la ley. La política, sospeche entonces, es una ciencia profunda, exacta, prolija y necesaria. En todo caso, ese conocimiento está vedado para mí. Por desgracia, yo siempre fui malo para calcular el futuro y para medir el presente, así que comprendí en ese congreso que yo no podía entender nada de política.

Mi incompetencia es tan grande que el otro día me topé por la calle con algo que primero creí era un carnaval, después un concierto de rock o una peregrinación religiosa. Al día siguiente, me enteré, con sorpresa, que en realidad era una manifestación política. Recuerdo que todas las personas, incluso las que cantaban y reían, caminaban muy serias con velas y encendedores en las manos; prendían las velas cada vez que se apagaban y algunos ni siquiera se quejaban cuando la cera aún caliente se les pegaba en los dedos.

Esa noche escuché, durante una tregua, que el señor del noticiario decía que lo que piden esas personas es irreal, excesivo e imposible. Puede que sea cierto, pero lo que yo vi es que esas personas estaban fascinadas, sobre todo, por la extraña costumbre de encender luces en el medio de la obscuridad. En todo caso, respeto mucho las opiniones políticas de ese señor, así que desde entonces sospecho que la política es para parafrasear al señor del noticiario y hacer justicia al entusiasmo luminoso de las velas— una especie de compromiso con la creación imposible de la luz. De ser eso cierto, la política tendría algo que ver con otras luminosas imposibilidades del universo. Tendría que ver, por ejemplo, con las imposibilidades en los acontecimientos del amor; con los cataclismos infinitos de los vientres cuando se acarician; con las frases de los poetas cuando deciden hacer erupción; con las espirales matemáticas cuyo imposible absoluto intuyó Arquímides; con las alas de los coleópteros excesivas de puro vértigo; con la infinita ancianidad de los celacantos; con la imposible persecución de los electrones; con la excesiva obstinación de los universos cuando copulan.


Aunque no aspiro a entenderlo, debe ser que la política es una suerte de alfarería de lo imposible; un telar en el que a despecho de la sordidez de lo real se ensaya la excesiva luminosidad de los arcoíris; o quizá una máquina sin engranes ni mecanismos en la que palabras como justicia, verdad o comunidad son irreales pero posibles de pura imposibilidad. Quizá sea por eso que cuando las personas se acompañan en política, aunque sean sólo dos, siempre se ven como algo más que dos personas; se ven como un exceso, como un infinito empeñado en afirmar posibilidades a partir de los despojos de la imposibilidad. Como los viejos necios e imposibles: esos infinitos excesos que no pueden entender nada de política.


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martes, 18 de julio de 2017

El Corpus de Cherán II

Corpus de Cherán II 


Unas 30 personas formadas en los flancos de la calle principal de Cherán se sitúan al frente de la multitud. El lapislázuli de las faldas de las mujeres y la pulcritud de las camisas de los hombres se combinan con cirios, crucifijos y banderas religiosas. Son los priostes: personas de la comunidad con ese cargo asignado por la Iglesia. Aparecen en muchas celebraciones de Corpus en todo el mundo. En Cherán, los priostes no acompañan en todo el trayecto a la procesión; caminan sólo el último tramo sobre la calle principal del pueblo. Graves y ceremoniosos, desfilan justo adelante de la imagen de San Anselmo. Detrás viene la marea que se hace y se deshace en remolinos mucho menos solemnes. Cientos de katáracuas y miles de personas que las acompañan danzan y cantan en algo más parecido a un carnaval que a un protocolo eclesiástico. Litros interminables de charape salen de garrafones de plástico para desaparecer en las gargantas. Para preparar charape primero se cuece tamarindo por un par de horas, se agrega azúcar y se retira del fuego. Con la generosidad solidaria del beodo experimentado, se agrega la cantidad de mezcal o tequila que se considere (in)conveniente. En la preparación que me tocó asistir, combinamos alrededor de litro y medio de tequila en una bota de unos 5 litros totales. Al final lo revolvimos con una porción de chile amargo, tostado y con un color que hace recordar a los oscuros moles de Oaxaca. El resultado es una bebida fuerte y seductora, refrescante y peligrosa, dulce y arrebatada.

El capote viene al frente. Se trata de un joven blanqueado de harina con un arreglo de palma seca sobre los hombros que baila como un insecto embelesado por el fuego. Se mueve excéntrico de un lado al otro de la calle. Mientras se muere de risa, azota con su mano el sombrero contra el piso. Grita: la gente lo secunda. Las gargantas desbocadas parecen convocar al viento, a la tierra, a la lluvia. La naturaleza paciente escucha; sin hacerse esperar entra sin miramientos en la comunidad. Sus puertas son las katáracuas: en ellas la tierra, los árboles, los panales de avispa, los animales; el monte completo decide hacer fiesta con el pueblo de Cherán. Zorros, armadillos, serpientes de cascabel, águilas, mapaches, halcones o búhos se bambolean desde lo alto de las katáracuas. La mayor parte están disecados. Otros se mueven, cautivos y desconcertados. Nadie se engaña: muchos de estos animales morirán este día; otros serán liberados por sus dueños temporales o vendidos en el mercado negro. La muerte también baila sin pudor; la vida la acompaña: como en todas partes, juntas se carcajean en el Corpus de Cherán.





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viernes, 7 de julio de 2017

El Corpus de Cherán I

Corpus de Cherán I 


Según Santo Tomás de Aquino, la substancia de las manos, el vientre, el cuello, las rodillas, el cuerpo entero de Cristo, tiene la facultad de transferirse, por voluntad divina, al pan. Lo mismo sucede con el vino que recibe la esencia del color, de la textura, de las plaquetas, de los glóbulos blancos y rojos de la sangre de Jesucristo. Durante la Eucaristía, ese pan y vino sacro se disuelven en la boca de los fieles. El Corpus Christi es el festejo de ese exótico banquete que consiste en comerse el cuerpo en el que Dios se hizo hombre: una costumbre que alguno consideraría bárbara y sofisticada, propia de caníbales devotos de paladar exigente.

En el estado mexicano de Michoacán existe una comunidad famosa por su rebeldía política en la que esta, de por sí extraña festividad, cobra una dimensión inusitada. En Cherán, este año el Corpus Christi se celebró el 14 y 15 de junio, exactamente 60 días después del domingo de Resurrección. Como cada año, desde un mes antes decenas de hombres de la comunidad salieron a recolectar panales de avispas en honor al santo patrón de esta fiesta: San Anselmo de Canterbury. Para alcanzar su objetivo, pequeños de 12 años, adolescentes llenos de brío, y hombres experimentados, deben escalar decenas de metros sobre la superficie de árboles descomunales. Lo hacen sin más ayuda que una cuerda y acaso un par de ganchos. Una vez logrado su botín, acomodan los panales por decenas en una estructura de madera que adornan con orquídeas silvestres, ramas de plantas, y animales disecados o vivos. Cientos de katáracuas, como se conoce a estos extraños arreglos rituales, salen a bailar sobre las espaldas de sus dueños el día de Corpus. 

Este ensayo fotográfico y esta breve entrevista conforman una de las dos notas preliminares a la crónica que, con motivo de este festejo, llevamos a cabo en Homo vespa.

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lunes, 5 de junio de 2017

CNI: el tiempo de los pueblos

CNI: el tiempo de los pueblos 


En este video se analiza el tipo de política que proponen el Consejo Indígena de Gobierno y su vocera Marichuy, María de Jesús Patricio Martínez, rumbo a la coordinación de las resistencias contra el mal gobierno y el proceso electoral del 2018.


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