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martes, 31 de julio de 2012

Destellos de una toma: Televisa sitiada

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Fotografía: Christian Palma Montaño
Textos: Luis Ramírez Trejo (Homo vespa)

http://homovespa.blogspot.mx/


La valla

Los policías enfundados en sus casacas fosforescentes soportan el sol en una línea que rodea a Televisa. Se ven cansados, aburridos, acalorados y silenciosos. Miran con hastío y resignación al activista que desde una noche anterior levanta un playera roja frente a ellos. Es una playera de esas que se usaron en la campaña de Peña Nieto. Está rediseñada con una consigna que difícilmente aprobaría el equipo del priista. Un estudiante da flores a los policías; algunos lo miran con un sonrisa de simpatía.




Las triquis

Vienen de lejos de un lugar que el gobierno se niega a saber que existe. Bellas como sus atuendos cargan el dolor hecho convicción de San Juan Copala. Las personas las miran asombradas. No las entienden pero saben que su lucha también es suya. Desde lo alto los Loret de Mola, los Burak, los Alarcón prefieren no mirarlas. En realidad prefieren no mirar a nadie.



Doña Rosa

Doña Rosa es una triqui de 74 años. Vino desde San Juan Copala a participar en la toma de Televisa. Su huipil es rojo intenso. Su pecho está atravesado por una banda tricolor con un logo de Televisa que reemplaza el escudo nacional. Sus manos sostienen recias una bandera con el mismo logo. Sus pies, acostumbrados a caminar sobre el piso pelado, enfrentan con un par de huaraches desgastados los ardores del asfalto en el medio día capitalino. Doña Rosa es callada, quizá un poco tímida. Alrededor de su boca un paliacate con el Che Guevara como insignia le da voz a esta boca cerrada pero no muda.


El harapo

Pedro tiene 22 años. Su cuerpo espigado y juvenil sostiene con la mano derecha una pancarta. De sus espaldas cae un manto lleno de colores que le envuelve el cuerpo: el viejo pantalón , la playera abandonada, el babero mutilado, la cortina desgarrada y los restos de una falda vueltos denuncia. Pedro mira con coraje a Televisa; mientras tanto, un trapo en su boca grita en silencio: “Hicieron de la cultura un harapo; un harapo amordazado”.


El espejo 
La gente amanece. El sol se comparte como en las fiestas en que la gente recupera la risa. Una chica en pleno desayuno de latas; alguna otra reparte fruta; un niño aprende un canto, y la voz de un megáfono suena en los rincones de la calle. El puño, el canto, el baile, las carpas, el cigarro cercan a Televisa. Una nube gris y el agua son testigos de sus pasos.

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