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martes, 3 de mayo de 2016

Atenco: Diez años

Atenco: Diez años
Hoy se cumplen 10 años del terrorismo de Estado llevado a cabo en el 2006 en San Salvador Atenco. Yo llegué a Atenco desde Texcoco unas horas después de que pasara lo más terrible de la represión. Me recuerdo en las aceras con el ceño fruncido, con el cuerpo tenso, con la mirada amarga, con el alma ennegrecida por la tristeza. En ese entonces tenía una novia y muchos amigos que habían sido torturados por judiciales o soldados. Ninguno de nosotros era políticamente ingenuo; ninguno pudo sospechar tal desmesura de la infamia. Las chicas violadas, los torturados, los golpeados, la televisión asesina: después de Atenco no fue difícil vislumbrar la tragedia que asechaba a este país. Carlos Fazio en sus conferencias denunció la telecracia subrepticia, las desapariciones, las ejecuciones extrajudiciales, las torturas, el ritmo del crimen dictatorial como forma de gobierno. Desde entonces, todos hemos vivido la realidad de ese Estado criminal; todos sabemos que las de Carlos Fazio y todas las predicciones se quedaron cortas. Hoy México tiene más desaparecidos y asesinados en los últimos diez años que la mayor parte de las dictaduras latinoamericanas de los setenta. Ni siquiera sabemos si en los últimos años han muerto 120, 180 o 220 mil mexicanos a manos de la crueldad y la violencia. Si para Felipe Calderón todos los asesinados eran criminales o daños colaterales, para Enrique Peña Nieto simplemente han dejado de existir. La historia de las masacres humanas tendrá en el futuro una tarea ardua para buscar evidencia concluyente sobre el caso mexicano.

Esta decadencia posiblemente se fraguó en ese 2006. La resistencia en Atenco y Oaxaca, la Otra Campaña, el López-Obradorismo: todos fueron movimientos aplastados por la represión o la indiferencia del Estado en los tres primeros casos y por el fraude y el contubernio de sus líderes con la corrupción y el crimen en el último. En ese sentido, Atenco simboliza el síntoma definitivo, para quien supo leerlo, del síndrome que sepulta toda posible fe en el sistema mexicano de partidos. No hay que olvidar que la represión en Atenco sucede bajo la tutela de gobiernos de los tres partidos principales del país: el PAN en el gobierno federal, el PRI en el estatal y el PRD en el local. Ese mosaico partidario, instrumento del crimen-Estado, se repitió en distintas combinaciones en Ayotzinapa, Cherán, la Ciudad de México. Tampoco hay que olvidar que Wikileaks reveló que, de ganar, López Obrador pensaba instalar en el 2006 una estrategia militar en la lucha contra las drogas análoga a la seguida por Felipe Calderón. A contrapelo de lo que dicen sus seguidores, si hubiera ganado el Peje no hay razones para pensar que las cosas habrían sido radicalmente distintas.

Hoy se cumplen diez años de la masacre en Atenco. A partir de ese punto, hablar de México se volvió una forma efectiva de convocar el olor a cadáver mal conservado, a tortura y crueldad ilimitada. No nos queda a los mexicanos más que alimentar la memoria para buscar en sus resquicios algún ímpetu que nos permita reinventar el país y exorcizar la fosa común en la que vivimos.

Uno de los mejores video documentos sobre Atenco esAtenco: romper el cerco.





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