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lunes, 3 de febrero de 2014

De narices, adaptaciones y pugilatos



De narices, adaptaciones y pugilatos


Una familia es ante todo un puñado de obsesiones que se perpetúan a lo largo del tiempo. La más recurrente en la mía es la obsesión anatómica de ser chato. Mi abuela, que de deportes sabía mucho, solía decir que cuando me vio recién nacido lo primero que pensó, al verme abotargado y con unas mejillas como esos panecillos que por exceso de levadura se inflan de más en el horno, fue que acababa de salir de un ring de boxeo. Nadie lo duda. El parto es lo más parecido a una larga pelea entre dos pugilistas que se conocen demasiado. En mi caso, las secuelas fueron permanentes: mi nariz siempre tuvo vocación de vuelo al ras de tierra.  

Hace no mucho tiempo nació mi segundo sobrino. Como siempre sucede, acudieron a mirarlo decenas de familiares. Con la cadencia propia de estos rituales cansados y multitudinarios, todos se dedicaron a repetir, con un suspiro de animal agonizante, la frase más usada en estos casos: “es la cosa más hermosa del mundo”.
Sé poco de belleza, pero algo me dice que mi sobrino no es la cosa más hermosa del mundo. Para empezar porque las cosas no gritan, comen y cagan con la consistencia con la que lo hace mi sobrino. Lo que sí es evidente, en todo caso, es que luce uno de esos peinados con aspiraciones eréctiles propias de xoloitzcuintles, punks o mohicanos. 

Sin embargo, más allá de sus inclinaciones contestatarias, su cabello no es su principal rúbrica. Un misterio de la biología se esconde al verlo dormir boca abajo. De cara al colchón, en posición en cualquier otro caso asfixiante, mi sobrino es perfectamente capaz de respirar. Una inspección algo cuidadosa revela el secreto:  como si fueran verdaderas branquias, las aletas de su nariz aplastada tienen la capacidad de expandirse en el intersticio que se forma entre su cara y la cobija. Con su nariz plana como un lenguado marino, mi sobrino es capaz de zambullirse en la cama boca abajo de manera inusitada: una adaptación tan envidiable como sorprendente.

Mi abuela murió hace algunos años; su conclusión habría sido inmediata: mi sobrino es un pugilista obstinado que sobrevivió al doceavo round.


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1 comentario:

  1. que ha habido compadre!, muy buena la entrada!, gusto en conocer a tu familia con un toque de poesía!

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